Publicado el 08 de Octubre de 2026 • Por Carlos Mendoza Benavides
Es una de las quejas más frecuentes entre hombres y mujeres a partir de los cincuenta años: «No soy sordo, escucho perfectamente el timbre o cuando se cae una cuchara al piso, pero cuando mi nieto me habla rápido en la sala, sus palabras parecen pegadas como una masa incomprensible».
Las vocales (A, E, I, O, U) son frecuencias graves y potentes; transmiten el volumen de la voz. En cambio, las consonantes (como la S, F, P, T, K) son de alta frecuencia y duración brevísima: apenas duran unos 40 a 60 milisegundos. Son las que otorgan el significado concreto a cada palabra.
Cuando los circuitos de la corteza auditiva primaria se ralentizan por la edad o por sobrecarga sensorial, las consonantes se desvanecen en presencia de cualquier ruido de fondo competitivo.
Al igual que un músculo que recupera fuerza con movimientos dirigidos, la neuroplasticidad cerebral permite acelerar el procesamiento de fonemas mediante ejercicios progresivos de contraste de sonidos. Al repetir secuencias con ruido gradual, el cerebro reactiva los filtros naturales de discriminación.
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